
La inflación, esa palabra que tanto suena en las noticias cada mes, es lo que suben los precios de los bienes y servicios de una región (un país, una comunidad autónoma…). Si los precios en vez de subir bajaran, entonces hablaríamos de deflación.
Pero lo importante, como la mayoría de cosas en Economía, es cómo saber medirla para saber cómo nos afecta. El indicador más conocido es el IPC (Índice de Precios al Consumo), que lo elabora el INE (Instituto Nacional de Estadística) cada mes.
Esta semana se ha conocido el dato de Noviembre (-0,4%) y el interanual (2,4%), que es como la media de todos los meses de cierto año. Este dato se usa para actualizar (subir ese porcentaje) los sueldos de cara al año siguiente, pues si los precios de las cosas suben y los sueldos se mantienen igual, no se podrá “comprar” lo mismo que se compró el año pasado (pérdida de poder adquisitivo en jerga económica).
Sin embargo, esa subida conlleva un coste para el Gobierno (sueldos de la administración pública mayores), que tiene que gastar más. En tiempos de crisis, se puede optar por congelar los sueldos, aunque también hay que respetar los convenios que se hayan firmado con sindicatos (si no con la excusa de las crisis podemos caer en abusos empresariales). En el Reino Unido, el sindicato de la metalurgia ha propuesto rebajar un 10% los salarios con la condición de que no hay despidos.





