Mientras las empresas ganan, que el Estado no intervenga ni moleste. A poder ser, que tampoco se paguen impuestos.
Cuando las empresas pierden, que el Estado intervenga y arregle el descosido. Eso sí, sin políticas sociales, total, ¿ para qué?
La crisis que estamos viviendo es el claro fracaso del seguimiento de políticas neoliberales. O si bien no sea su fracaso, expone con claridad lo que ya sabíamos, que el Estado al final tiene que salir al rescate de ese mercado que tan bien se regula por sí mismo.





