El hecho de que haya personas que no entiendan que lo de tener un segundo nombre tiene un carácter meramente decorativo resulta molesto, pero más molesto resulta que se obvie el nombre de uno y se utilice con carácter general el segundo.
Hoy mi segundo nombre ha hecho su aparición en escena en su pleno apogeo, dejando a mi nombre como una mera “a” al principio de una dirección de correo electrónico.




