Ayer por la tarde, en La Ventana de la Ser estaban debatiendo sobre la seguridad en los aeropuertos y esa gran afición que tienen a desnudarnos.
Ante todo, lo primero es quitarse cualquier metal. Una acaba yendo sin cinturón y el reloj acaba relegado en el fondo del bolso. Anorak fuera. Americana dependiendo del humor del que esté de turno también fuera.
Luego llegó la prohibición de líquidos en recipientes mayores de 100 ml. Esa prohibición, que está establecida por ley, nunca me ha parecido que se cumpla eficazmente por parte de los aeropuertos. Al margen de preguntar insistentemente si llevas líquidos, a menudo no se observa realmente si se llevan.
Aunque sin duda, la afición más interesante e irregular de los aeropuertos es la de quitar los zapatos en los controles. Ayer por la tarde en la Ser explicaban que la ley no dice que haya que quitarse los zapatos, pero me pregunto quién va al aeropuerto con el suficiente tiempo y paciencia como para ponerse a discutir el tema con los de seguridad.
Mucha seguridad, pero…
Un día en Barajas vi pasar a una señora cubierta con un burka, con una tela negra de pies a cabeza, los controles de seguridad, sin que a nadie se lo ocurriera pedirle que se descubriera la cara para identificarla como hacemos todos. Me pregunto qué sentido tiene dejar pasar a alguien sin identificar por el hecho de llevar burka mientras todos nos tenemos que quitar parte de la ropa que llevamos para pasar los controles de seguridad.
Seguridad privada
Aparte de quitarse más o menos ropa, lo que de verdad me disgusta de los aeropuertos es que en los controles de seguridad abunde más la seguridad privada que la Guardia Civil. Como ciudadana de este país quiero que estas labores las haga quien corresponde y no alguien contratado por una empresa privada.





